31 de gener de 2007

La Ruta Destroy

L'any 1993, amb La Ruta jutjada i condemnada pels mitjans de comunicació, i perseguida pel govern socialista de Felipe González, Canal+ va realitzar un interessant documental.

No perdeu detall dels balls, les denominacions que fan servir els periodistes ("reputado cañero valenciano" :-D), les vestimentes cutres dels 90 que es gasten els protagonistes, i els comentaris en segon pla que es poden escoltar en català ("avortament lliure i gratuït"), especialment quan estan muntant la fusta dalt del cotxe. En total són cinquanta minuts i escaig, però cada vídeo té els seus moments estelars.

Els meus ídols són Clemente i el matat que vesteix de militar. Què s'haurà fet d'aquesta gent? El DJ, Kike Jaén, segueix en actiu!
















30 de gener de 2007

Tiempos de Ruta

Avui us ofereixo un fabulós article d'El Mundo que fa una perfecta cronologia de la Ruta del Bakalao. Llegiu-lo amb detall, que demà en parlarem més!

¡Viva la fiesta!

Se cumple una década de la caída en desgracia de la ruta del bakalao, aquella peregrinación de fiesteros que, de viernes a martes, recorría los clubes de la costa valenciana. LA LUNA comprueba el estado y la geografía actual de la «ruta destroy» y habla con algunos de sus protagonistas, incluido el autor del himno «Así me gusta a mí», Chimo Bayo


EL HOMBRE (Y LA) MÁKINA

Nostálgicos treinteañeros se agolpan frente a la cabina de la Sala Bounty de Valencia. Es viernes, 27 de febrero, apenas la una de la madrugada y los bares siguen abiertos, pero un centenar de personas ha preferido acudir temprano a esta discoteca del centro. «Luces apagadas, hermanos», brama una voz tras el haz de luz que proyecta el par de bombillas acopladas a sus gafas de sol. Chimo Bayo vuelve del olvido para castigar con sus ripios un fondo de música industrial. El respetable ruge entre la guasa y la añoranza.

La exhumación del denostado DJ no es gratuita. Esta noche se presenta En èxtasi, el primer estudio digno del fenómeno conocido como la ruta del bakalao y Chimo es la estrella invitada del evento. Por algo el éxito internacional de Así me gusta a mí, su megahit de 1991 (número 1 en Japón e Israel), marcó el punto de inflexión de un movimiento que instauró el nuevo modelo de fin de semana –de viernes a martes– a golpe de acelerón techno y velocidad química. Una década después de que la demonización de los medios y los vapuleos de las fuerzas del orden acabaran con la ruta destroy, el periodista de investigación Joan Oleaque, autor de En èxtasi (editado en catalán por Ara Llibres), analiza la ligazón entre drogas recreativas, discoteca y música de baile. Es decir, lo que conocemos como la fiesta. Ni denosta ni ensalza, sino que fija las bases de un terreno quebradizo que todavía hoy despierta susceptibilidades.


No siempre fue así. Hubo un tiempo en que Valencia era un hervidero underground reunido en torno a las discotecas de la costa. Lo dijo Tony Wilson, el gurú del superclub mancuniano The Haçienda y capo del sello Factory: «Las ciudades medianas como Manchester y Valencia son vivero de grandes cosas». Seguro: a principios de los 80, la ciudad se forjó una personalidad propia, empujada por un potencial creativo al alza y una urgente necesidad de figurar. Por entonces, las discotecas convencionales aún lucían espejos en las columnas y pajaritas en el cuello de sus camareros. Olían al rancio de la moqueta y a la hamburguesa del bar contiguo. Así que los espíritus inquietos buscaron refugios donde pinchar sus discos raros. Por ejemplo, Barraca, una disco de pueblo ubicada en una zona de veraneo a 35 kilómetros de la capital mediterránea.

Punks, rockers, neorrománticos y tribus de todo pelaje encontraron allí su santuario. «Tenía un carácter rural, interclasista, nada vanidoso ni exclusivo», recuerda Vicente Pizcueta, director del local y del no menos mítico Chocolate en sus etapas mágicas. Las sesiones que mezclaban a Tom Waits con Nina Hagen, Joy Division, Gary Numan y Dead Or Alive pronto conocerían réplicas en las cercanías. Chocolate y Spook Factory se erigieron en complemento after hours. Y así se conformó un itinerario lúdico en la carretera de El Saler auspiciado por el gobierno autonómico socialista. La ley permitía horarios intempestivos porque se vivía una borrachera de libertad y en las afueras no hay vecinos a los que molestar.


HISTORIAS PARA NO DORMIR

Cuentan que, en una tienda de discos llamada Zig Zag, un chaval que escuchaba música a través de los cascos aullaba cuando un tema le ponía: «¡Esto es bacalao de Bilbao!».


A los profesionales que frecuentaban el local les hizo gracia el grito de guerra y comenzaron a emplear el término (que escribían vacalao) para definir la música de los clubes. Cuando en 1988 estalló en Ibiza el desfase acid house, la reacción valenciana fue de cerrazón: no hace falta que los ingleses vengan a darnos lecciones, de fiesta vamos sobrados, venían a decir. Y así nació la leyenda de la ciudad que nunca duerme. «Los valencianos tenían un parque de discotecas increíble y se comportaban de una manera tan innovadora como lógica: ¿por qué no alargar el fin de semana si es cuando la gente no trabaja y puede divertirse?». Quien justifica así las 72 horas non-stop de la ruta es Nando Dixcontrol, DJ de la escena barcelonesa. El problema fue que el fin de semana comenzó a vivirse como si fuera el último.

En los 90, se extinguió por completo la vocación transgresora de las salas y la oferta de ocio se industrializó. «Las discotecas se anunciaban en las paradas de metro y su sentido se desvirtuó, porque no podían ser algo en torno a lo cual girara la vida de las personas», censura Pizcueta, hoy responsable de comunicación de empresas de hostelería recreativa.

La música sintética barrió al pop rock y tomó los altavoces en su variante chunda-chunda. Las salas de capacidad media (500 personas) se vieron desplazadas por macrodiscotecas que satisfacían las necesidades de 2.500 fiesteros. «Se puso de moda saltar de local en local a través de un horario que serpenteaban de viernes a martes», explica Oleaque. La inauguración de la sala Espiral trasladó la marcha de la costa hacia el interior y revistió el sonido de mayor contundencia.

La gente del barrio se sumó a la fiesta. El circuito integró nuevos clubes como Puzzle, NOD, Heaven y ACTV. Encima, un decreto que ampliaba una ley autonómica del año 91 permitió la apertura de zonas especiales fuera del centro urbano para salas sin límite horario. «Poco a poco, la dinámica se fue popularizando, porque todo el mundo quería ser moderno y aparentarlo se convirtió en un valor muy preciado», justifica Oleaque.

«La mediocridad se apoderó de Valencia –sentencia Chimo Bayo–. El sonido se banalizó y tomó velocidad. Y la culpa fue de los sellos. Los DJs no componían la música que querían por la coacción de la industria». El bakalao se convirtió en negocio, claro, y la radio multiplicaba rápidamente el fenómeno a través de las ondas. Fue decisiva una emisora pirata, Radio L’Horta, que logró su licencia municipal mediante una política de hechos consumados: la adopción del estilo la había catapultado a los 100.000 oyentes.


MIEDO Y ASCO EN VALENCIA

Tras la resaca del 92, la crisis económica sacudió España y el crimen de Alcácer la convulsionó. La prensa sensacionalista, ávida de carnaza, se cebó en el despendole discotequero, un filón para el titular de impacto. Los periodistas radicalizaron la palabra iniciática escribiéndola con k. «En el bakalao encontraron el chivo expiatorio a todos lo males. No se preguntaron si la droga era culpable o síntoma de la perdición juvenil, no buscaron las razones de la existencia de una adolescencia perturbada», critica Joan Oleaque. Los padres se desayunaban con sus retoños retratados en la prensa, desencajados en los párkings de las discos en la mañana del Día del Señor. Los medios aseveraron la existencia de un peregrinaje de discotecas que enlazaba Madrid con Valencia, pasando por Toledo. El responsable provincial de Tráfico del momento, Roberto Ramírez, se puso en el ojo del huracán al declarar públicamente que aquello era falso: «No existe una ruta de after hours que una las dos ciudades».

No obstante, la sociedad estaba ya conmocionada y la clase política no tardó en tomar medidas. Se pusieron a la orden del día controles masivos de alcoholemia y drogas. «Si pretendían reducir los accidentes de tráfico podían haber arreglado las carreteras, porque algunas no estaban preparadas para el tránsito nocturno masivo», reflexiona el DJ valenciano Luis Bonías. También se intervinieron los teléfonos de los empresarios de las discotecas y la policía secreta irrumpió en las salas. El sector hostelero se defendió declarando en rueda de prensa que la droga era un problema de la sociedad, no sólo de los clubes, mientras se les trataba de perversos, mentirosos y mafiosos.


«Cualquier accidente de tráfico con muertos se atribuía a la fiesta, aunque fuera un dominguero que venía bebido de comerse una paella», ironiza Olea- que. Lo curioso es que el asedio provocó la resistencia de los usuarios y la incorporación de nuevos acólitos. «La huida hacia delante abocó al abismo: la seguridad de las salas se encargó a seudo skinheads, los camellos ya no pertenecían a la fiesta, los garrulos insultaban a los gays y las mujeres eran tratadas como putas». Joselito –sí, el ex Pequeño Ruiseñor–, abrió una sala ad hoc y los Pitufos Makineros versioneron éxitos de la radiofórmula.

Estigmatizada y echada a perder, la otrora Ibiza peninsular se sumió en la culpa. Todos miraron hacia otro lado y comenzó la diáspora. La fiesta se hizo fuerte hacia el norte y el oeste. Vitoria, Valladolid y, sobre todo, el cinturón industrial de Barcelona (el estilo denominado mákina es en realidad una variante catalana y embrutecida del bakalao) recogieron el guante en sus catedrales del techno (sic). Desde entonces no lo han soltado, aunque ya nadie hable de ruta alguna. Desde luego no en Valencia, por mucho que Chimo Bayo haya resucitado. ¡Ju-já!


HÁBITO «DESTROY»

Como dice el clásico rockabilly de Los Rebeldes, muchos se enamoraron de la mescalina en la Luna de Valencia, allá por 1983. Los efectos de las cápsulas eran la euforia rítmica, el hedonismo, el narcisismo y la exaltación de la amistad. En la pista, todas las tribus bailaban hermanadas por el buen rollo. «Lo que se vetaba eran las despedidas de soltero, porque la gente iba bebida y resultaba problemática», recuerda Vicente Pizcueta.

Pronto apareció el speed. La subida del compuesto anfetamínico se jaleaba agitando botellines de agua al grito de «¡Toma, toma!». «Era una auténtica droga para las masas y provocaba el baile de un autómata víctima de un ataque epiléptico», ilustra Joan Oleaque. Después, la cocaína irrumpió arropada por la modernidad. Suponía la democratización de una sustancia de artistas, el champán de las sustancias ilegales. De esa época es una pintada recogida por Oleaque en su libro: «Quiero morir en los váteres de Spook Factory».


En el año 88 ya no había rastro de las mescas. Los tráficantes holandeses de éxtasis introdujeron el MDMA en Ibiza en plena eclosión del acid house. Las pastillas llegaban a Valencia en las maletas de los veraneantes en la isla. La sencillez de la composición hizo brotar pequeños laboratorios clandestinos de síntesis. La borrachera rítmica y sensual se compartía en cuartos de pastilla. «Los camellos eran colegas de la disco que iniciaban en una religión pagana con la pastilla como hostia consagrada», sigue el escritor. Su consumo evitaba colas en los baños y no producía sed, por lo que no impelía a beber alcohol como sucedía con la coca. No obstante las bondades de la droga del amor, no se excluyó a las precedentes y se pasó al policonsumo.

Con la accesibilidad, el consumo comenzó a vulgarizarse, dejó de ser un vehículo para convertirse en un fin en sí mismo. La gente se drogaba antes de entrar e incluso se quedaba en el párking porque les daba igual la sala. Pronto se advirtió que la ruta era un lucrativo negocio y elementos ajenos a la pista se hicieron los dueños del mercado. «Los chulos de barrio entraron en el trapicheo y empezaron las peleas entre bandas rivales. Yo he visto pinchar ruedas, tirar piedras y a tipos saltando como monos sobre los coches», dice Josep Toledo.

Se impusieron la adulteración y los timos, con lo que el consumidor debía aumentar la dosis para lograr el efecto deseado: ocho pastillas en una noche. Las primeras víctimas del éxtasis se dieron en Barcelona un par de años después del linchamiento mediático de la ruta valenciana. «Cuanta más gente inexperta acudía, mayores posibilidades había de morir de sobre-dosis, ya que, a medida que el fenómeno fue a mayores en plan garrulo, lo que contaba era el desfase y molaba más quien más se colocase. Obviamente esa extraña épica puede pagarse cara», zanja Oleaque.


RUTA 2004

«El bakalao no ha muerto, ha sido asimilado por el sistema», advierte Joan Oleaque. Tras la criminalización de la ruta en 1994, toda una generación perdida para la música electrónica se dedicó a escuchar a Luis Miguel o emprendió un flashback curiosísimo que en Valencia han llamado remember, un revival que fomentó la escucha de los grandes éxitos de los 80. Superado el estigma, los adolescentes actuales viven el ocio sin complejos.

«La nueva generación venera aquello como símbolo iniciático de la fiesta. La ruta vuelve con la fuerza de un mito para gente joven muy popular», continúa Oleaque. Hoy, la práctica del neobakalao en Levante se limita a los reductos de Chocolate y Apache en Valencia, Pirámide en Castellón y Virtual en Alicante. De los templos de la época en la propia capital valenciana también resisten Puzzle y Barraca, mientras que Heaven y The Face han cerrado y la legendaria ACTV se ha convertido en un antro de salsa y música ligera de la factoría OT bautizado Akuarela.

Pero el meollo se encuentra al norte. La ruta ya se había desplazado hacia Cataluña (de Pallafrugel a Igualanda, pasando por Mataró) en su momento y sus catedrales del techno siguen convocando a las masas de fin de semana, aunque ya no sea en el nombre del bakalo propiamente dicho (mákina, en todo caso): Xque, con los populares DJs Pastis y Buenri al frente; Scorpia, Pont Aeri, Marte, Kontrol, Chasis, Kratter... Hay hasta quien no duda en incluir a la veterena Florida 135 (Fraga, Huesca), por más que su política musical no tenga nada que ver.


Hacia el oeste discurren rutas alternativas como la vallisoletana (cuajada de macros entre la capital pucelana y Medina del Campo) y, un poco más arriba, la que recorre el País Vasco desde Bilbao hasta Vitoria –muy controlada por la Guardia Civil por el menudeo de drogas–, con ramificación hacia Pamplona. Tampoco es desdeñable la conexión toledana, que en realidad comienza al sur de la Comunidad de Madrid para alcanzar Talavera de la Reina.

Las nuevas etiquetas para la música dura bañada en sudor son estilos germanos con diferentes matices de velocidad y melodía: harddance, hard trance, hardcore, progressive y hardstyle. En definitiva, música electrónica de batalla a disfrutar en chándal,contestación del fenómeno pandilla al rollo elitista de los clubes de electrónica de mayor calidad. Los modernos bakaladeros (ahora también llamados poligoneros debido a la acotación de las discos en polígonos industriales) hacen gala barriobajera con elementos de hip hop.

Aunque de aquellos polvos vienen estos lodos, el bakalao era un concepto destinado a un público disperso, abierto a todas las tribus, mientras que el sonido actual se dirige a un público muy definido, de extrarradio. «Alienante no es el ocio, sino el mundo en el que vivimos. Resulta más pernicioso OT y GH que la música electrónica –reflexiona Vicente Pizcueta, vicepresidente de Controla Club, ONG dedicada a la prevención del impacto de las drogas–. La juventud no acude con criterio y capacidad crítica porque existe un gran empobrecimiento cultural. Además, no hay que criminalizar al adolescente actual por su aspecto, el nivel de conflictividad es el mismo. Sería caer en la trampa que ya se nos tendió en los 90».

29 de gener de 2007

La Dimensió X

Les fabuloses Tortugues Ninja van consumir hores i hores de la meva infància. Com oblidar la inverossimilitat d'una rata mutant (el Mestre Estellicó) criant i entrenant quatre tortugues addictes a la pizza? Hi havia res més patètic que els recursos d'un excel·lent malvat com era en Trinxant? Condemnat al fracàs per la seva dependència dels Soldats del Peu, en Bíbop i en Roca Massissa. I tot sota l'atenta mirada d'April O'Neill, un mite sexual que sens dubte hauria d'haver guanyat diverses vegades el Pulitzer per la seva habilitat a l'hora de fotre's en problemes i gravar-ho tot.

Els seus ninots causaven furor, i qui no volia viure al clavegueram de New York amb el Rei de les Rates? Redéu, és que tots aquests noms m'encanten :-D La meva paraula favorita? Mutogen! I la meva tortuga preferida? En Michaelangelo, el més catxondo; de tant en quant encara penso que vull aprendre a manejar els nunchakus.


Però per a mi el més mític de tots era en Krang, sempre insultant i maleint en Trinxant per la seva inutilitat, i codiciant permanentment per tornar el Tecnòdrom a la Terra i quillar-nos a tots... Quanta crema. No puc negar la similitud amb les novel·les de ciència-ficció que tant m'agraden :-D

Per últim, dues curiositats, sabíeu que la sèrie d'animació està basada en un còmic? I sou conscients de la importància de New York en el món del còmic i el cine americà? Allí hi ha hagut totes les catàstrofes possibles per partida doble!

22 de gener de 2007

Marrakech: El límit del "guirisme"

Sempre m'han fet molta ràbia els guiris, que són turistes que visiten un país d'on només coneixen els tòpics, només volen veure el més típic, no es desvien un sol metre de la ruta principal i no interaccionen en absolut amb la gent del lloc. Altres característiques els descriuen, com el fet de ser fàcilment identificables a quilòmetres gràcies a immensos plànols desplegats, múltiples càmeres, ronyoneres i bosses penjant del cos, les clàssiques sandàlies amb mitjons, afluixen la pasta alegrement perquè sovint visiten un país pobre per a ells, i per aquest motiu són engatussats sovint. Sense anar més lluny, fa deu dies vaig veure com un jove escandinau i un home americà (amb barret de cowboy i tot) es deixaven plomar 30 euros per un grup de trileros romanesos (?) a les Rambles en un espai de deu minuts.

El cas és que els meus pares són bastant pallussos en aquest aspecte, i en un dels dies del viatge, vam llogar una furgona per anar a visitar la costa. El conductor, que s'havia de guanyar el sou, intentava engatillar-nos constantment recomanant-nos aturades en el camí on podíem fer un cafè, o per comprar una catifa "de la mejor calidad, amigo", o per comprar un oli fet de no-sé-què que era súper tonyina, "el mejor aseite, amigo, mijor que oliva amigo, muy buen presio!". El tio estava bastant rallat perquè només ens havia colat els cafès, a més d'un eruo, per cert, i estava rumiant com quillar-nos per un camí miserable que transitava enmig del desert.

Passada!
Per satisfer els seus obscurs desitjos, un grup de pastors agitant els braços i fent senyes. La furgo s'atura i ens fa baixar. L'escena, surrealista, consistia en un arbre amb cabres pujades a les branques. Jo vaig veure ràpidament que tots aquells pastors no estaven allà per fer amics, i vaig donar una volta per esquivar-los i poder observar més de prop un espectacle d'aquell calibre. Lògicament, les cabres no havien pujat pel seu propi peu, sinó que ho havien fet a la força i estaven lligades, encara que això no es pot apreciar a la foto. Mentrestant, els meus germans i pares estaven sent quillats per un núvol de pastors que els demandaven euros, dirhams, dòlars i qualsevol cosa daurada que tinguessin a mà.

Ala, que us vagi bé!
Amb aquesta penya sempre és igual, si no et poses dur segueixen demanant, i sovint es valen de nens per així fer més llàstima. El cas és així segur que guanyen molts més calés que amb la seva feina, i amb la complicitat dels xofers van fent. És el typical spanish portat a l'extrem, gràcies a l'estupidesa dels turistes, que veuen autenticitat en tot allò que mai passaria al seu país i sembli subdesenvolupat. La lliçó, doncs, és que no us deixeu prendre el pèl i mireu de descobrir l'essència dels llocs per vosaltres mateixos o relacionant-vos amb els vilatans.

20 de gener de 2007

Marrakech: La Discoteca en Casa



Aquest és un simpàtic paio que patrullava el poble d'Essaouira liant-la parda amb random instrument que porta a les mans i un col·lega amb uns bongos. Lògicament, riure-li la gràcia, o escoltar-lo atentament, o mirar-lo una mica significava que els havies d'afluixar pasta si no volies que et rallessin una estona. En qualsevol cas, la performance era bona.

Per cert, no us recorda a Eddie Murphy?

19 de gener de 2007

Marrakech: El Quillador de Gats

Amb aquesta foto, inicio una sort d'àlbum fotogràfic de la meva visita a aquesta bella ciutat marroquina.



Es pot semblar més sospitós que aquest paio? No crec que aquest gat arribés a la nit.

10 de gener de 2007

Al servei de la ludopatia

Ara que estic d'exàmens, no hi ha res que em vingui més de gust que perdre el temps per Internet, qualsevol cosa per tal de no estudiar. El cas és que a la feina m'han fet treballar amb el blog Vida Extra, una pàgina de videojocs súper currada i amb molt contingut. A través d'ells, he trobat un joc molt crema, bastant addictiu, però fàcil de petar.


Consisteix a mantenir una bola en equilibri sobre una barra que s'inclina pel punt d'equilibri central, al mateix temps que jugues al pong amb la barra de dalt, que es desplaça lateralment. Les dues barres responen al mateix temps i en el mateix sentit als moviments del mouse, i si la bola de baix cau al buit o la de dalt passa més enllà de la barra, perds. És una senzilla qüestió d'habilitat espacial, atenció i estudi de pautes de comportament.

Les primeres partides han d'aconseguir resultats de l'ordre d'entre 10 i 20 segons. Passar dels 30 és un molt bon resultat, i fer-ho dels 40 és excel·lent. De fet, no he llegit de ningú que hagi arribat als 50 segons, així que ja sabeu quin és el vostre repte. A més, us llenço un desafiament més proper, podeu superar els meus 35.077 segons?


És probable que perdeu, com a mínim, els propers quinze minuts de la vostra vida amb aquest joc, esteu avisats.

Feu clic aquí per jugar a Double Jeu.