Interessant entrevista a Martí Perarnau en què deixa anar un parell de reflexions gairebé impensables de sentir en veu alta en boca de qualsevol altra periodista.
¿Crees que el periodismo ha contado bien a sus lectores la realidad del dopaje?
No. El periodismo no contó los hechos en su momento, en los años ochenta y noventa, cuando el dopaje se instaló de forma masiva en el mundo entero, tanto en los países del este como en países occidentales avanzados. En España no solo no lo contó sino que ocultó, manipuló e incluso distrajo la atención, siempre buscando enemigos exteriores. Después el periodismo se sintió desconcertado ante las evidencias de lo ocurrido en España en la última década.
Hablando de tiempos mediáticos, saltamos al periodismo deportivo. Ramón Besa nos dijo que la información deportiva se ha futbolizado demasiado y eso hace que se pierda el concepto de pasión por el deporte. ¿Está de acuerdo?
Básicamente sí. La información deportiva se ha futbolizado, España se ha futbolizado y la política se ha futbolizado. Hace unos días vi que en L’Equipe solo había dos páginas de fútbol, una de ellas del Mundial femenino y la otra del resto del fútbol mundial, incluido el francés. En una sola página estaban los fichajes, el Mundial Sub 17, etc. El resto era para los deportes que están ahora en plena actualidad: natación, atletismo, ciclismo, tenis… Eso es lo que genera pasión deportiva sana y permite que en Alemania se hayan llenado los estadios para ver el Mundial femenino, con 74.000 espectadores en Berlín. Nosotros hemos caído en el proceso contrario: teníamos periódicos que sin llegar al nivel de excelencia de L’Equipe, se parecían y eran capaces de publicar en su portada un récord de España de natación. Pero hemos futbolizado todo, y lo hemos frivolizado hasta niveles ridículos. Hemos marginado al resto de deportes salvo a las estrellas que puedan servir para seguir alimentando nuestro ego colectivo patriótico, que es lo único que interesa. Son las mismas estrellas a las que hundiremos mañana a la menor ocasión. La información deportiva hoy roza el ridículo; bueno, no lo roza, lo supera.
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